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Personajes: Hoy, Pedro Beltrán Cartagenero de espíritu libertario, fue uno de los mejores guionistas del cine español del siglo XX y participó como actor en películas de Berlanga y en series de televisión

Viernes 15 Octubre 2021  |  Visto: 78 veces



Personajes: Hoy, Pedro Beltrán Cartagenero de espíritu libertario, fue uno de los mejores guionistas del cine español del siglo XX y participó como actor en películas de Berlanga y en series de televisión.

Pocos personajes nacidos en Cartagena encontraremos, tan incalificables y a la vez tan auténticos, representante de sí mismos, del humanismo y del esperpento como Pedro Beltrán (1927-2007). Cartagenero de la Muralla del mar, de familia humilde y republicana, nació en el mejor año para esta ciudad del siglo XX. Su padre era agente comercial de Heraclio Fournier y fue fundador en Cartagena del partido Unión Republicana. Desde niño tuvo clara una cosa: quería ser torero, afición que le fue refrendada cuando a la edad de siete años, le pidió por Navidad, al entonces presidente del Gobierno, Manuel Azaña, y no a los Reyes Magos, un traje de luces. La petición fue atendida por el mandatario, ante el asombro de todos.

La Guerra Civil le marcó profundamente, como a otros muchos niños. Los bombardeos, el traslado familiar a El Algar, la derrota republicana y el nuevo régimen franquista le dejaron una huella de pesimismo que le acompañó el resto de su vida. Su personalidad se fue conformando al mismo tiempo que desarrollaba una inteligencia llena de matices, que le impulsaba al mundo creativo desde distintas esferas, todas convergentes. No obstante, la impronta familiar lo derivó al estudio de una profesión de las de entonces: practicante. Para ello se trasladó a Valencia y empezó a simultanear los estudios con otras actividades: bailarín, actor, cantante, flamencólogo, poeta, guionista y cómo no, torero. En 1950, y tras un pequeño intervalo profesional como enfermero en el Llano del Beal, decidió, según sus propias palabras, que «no merece la pena vivir para trabajar», y se convierte en un personaje anacrónico, anarquista visceral y profundamente bohemio.

El escenario de su vida cambió por completo y se trasladó a Madrid. Curiosamente, viajó en el mismo tren que otros dos significados pintores cartageneros: Navarro y Luzzy. Luego fue compañero de hospedaje de los hermanos Martínez Pastor. Allí entró en contacto con su verdadero mundo y se conviertió en un juglar asiduo de tertulias en la era franquista. Fue un republicano federal independiente; no lo tuvo fácil. El Café Gijón se convirtió en su casa, y pronto formó parte de su decorado, derrochando ingenio y talento, escribiendo sonetos y coplillas contra Franco, su familia y sus ministros. Logró con ello ir a la cárcel, dormir en la calle y vivir en los bares. Una de sus coplillas decía así:

«A un político (Pedro Beltrán)

Cara de nabo,

culo de alcaldesa,

remilgos de novia

con aire de abadesa

sesos a la romana

de harina vaticana».

Quizás sus relaciones con grandes escritores y actores, como Enrique Diosdado, Buero Vallejo, Fernando Fernán Gomez, Javier Poncela, Adolfo Marsillac, José María Rodero y muchos más le permitieron iniciar una obra literaria, tan brillante como caótica. En el guion cinematográfico es donde alcanzo una mayor dimensión. Se convirtió sin quererlo en el guionista de algunas de las mejores películas que ha dado el cine español, como El momento de la verdad, de Francesco Rosi, o de otras dirigidas por su íntimo amigo Fernando Fernán-Gómez: El pícaro,Bruja, más que bruja, Mambrú se fue a la guerra (por la que estuvo nominado a un Goya) y, especialmente, El extraño viaje, un clásico indiscutible, gracias al cual Perico Beltrán fue reconocido por todos.

Como actor eventual, intervino en muchas películas de Berlanga: Calabuch, El Verdugo, La Vaquilla, Patrimonio Nacional y otras muchas; Encuentro en la ciudad (1956), de José María Elorrieta; El inquilino (1957), de José Antonio Nieves Conde; Aquellos tiempos del cuplé (1958), de Mateo Cano; El hincha (1958), de José María Elorrieta; 15 bajo la lona (1959), de Agustín Navarro; Días de feria (1960), de Rafael J. Salvia; La estatua (1961), de José Luis Gamboa; Las hijas de Helena (1963), de Mariano Ozores hijo; ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? (1978), de Fernando Colomo y Cervantes (1980), de Alfonso Ungría. En la televisión, Pedro Beltrán asumió papeles de carácter en producciones de la talla de la miniserie Cervantes, rodada en 1980, con un guion del Nobel Camilo José Cela, y dirigida por Alfonso Ungría. También participó en la popular serie La huella del crimen. Sus últimas apariciones en el cine fueron en el filme Casting (1998), dirigido por Fernando Merinero , y en el cortometraje Desalmados (2005), de Pablo Álvarez.

Pero al final, se hicieron realidad sus propias palabras. Como él mismo advertía: ...no tengo interés en dedicarme a ningún oficio definido, algo prohibido por mi anárquica manera de ser, vivir pronto y mucho y escribir tarde y poco».

Murió solo y olvidado

El 9 de febrero de 2007, uno de sus incontables amigos, Gabino Diego, encontró el cuerpo sin vida de Pedro Beltrán en su pensión; «Murió tieso y solo», en un mundo ahíto, el ultimo bohemio, aquel cartagenero que se resistió a cualquier disciplina, jerarquía o convencionalismo, pero lleno de humanismo esperpéntico, al que su tierra olvidó, como se olvida a tantos hombres buenos. Autobiográficamente, Beltrán lo dejó escrito:

«Érase que se era

un hombre solitario,

solitario de cosas

que un día lo acompañaron.

Un día se quedó quieto

mirando a lo lejano,

y vio a la Dama Negra

que lo estaba esperando».


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