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Detalle del Documento del mes

Fecha Documento: 14/12/1573

Fecha Alta Web: 02/01/2015



Comentario

Durante los siglos XVI y XVII las costas mediterráneas (tanto las cristianas como las musulmanas) viven sometidas a la amenaza de ataques a gran escala por parte de flotas enemigas y, más aun, de las incursiones corsarias a menor escala. Todo esto sin olvidar las acciones de los piratas de distinta procedencia. Esta presión, acentuada sobre las costas españolas desde que los turcos se instalan en Argel en 1516, sufre un cambio apreciable a partir de los años setenta del siglo XVI, cuando las grandes flotas al servicio de la corona española y del imperio turco disminuyen su actividad y arrecian las incursiones corsarias, mucho más frecuentes e imprevisibles.

La reacción de las autoridades cartageneras ante un aviso de corsarios enemigos en la costa, dependía ante todo de la importancia del ataque. Si se trataba de una flota respetable, inmediatamente se advertía mediante una red de atalayas a las ciudades del interior para que enviaran refuerzos, y, al toque de rebato, la población se encerraba tras las murallas de la ciudad. Por el contrario, si se trataba de una o dos embarcaciones no muy grandes, se reunía la milicia local y, al mando de sus regidores-capitanes o del alcalde mayor como jefe supremo de la milicia (en ausencia del adelantado, capitán mayor del reino de Murcia) se apresuraba a capturar o expulsar a los intrusos, procurando sorprender al enemigo y evitar los enfrentamientos desventajosos, en los que pudiera peligrar en exceso la vida de los vecinos movilizados.

A veces, sin embargo, las cosas se torcían y los cazadores eran cazados. En octubre de 1573, tras recibir el aviso de que hay corsarios enemigos en la Manga del Mar Menor, el alcalde mayor Monreal acude con su gente a combatirlos y, al llegar al lugar, cae en una emboscada. Mueren algunos hombres y otros, como él mismo, son capturados. Tras las negociaciones que tuvieron lugar en el puerto de Alicante, se acordó un rescate de 1000 ducados. Como el alcalde no podía pagar esa cantidad, el Concejo pidió el preceptivo permiso al rey para poder ayudarle con 400 ducados. En diciembre de aquel año, tras verse el caso en el Consejo de Castilla, llegaba el presente documento con la autorización del gasto solicitado.